¡¡CORTA LA CUERDA!!

Era domingo. Un domingo tristón, con cielo grisáceo y nubes bajas que dejaban pasar algún rayo de sol. Por la mañana habían iniciado el ascenso. La montaña los había reunido hacía varios años. Eran un grupo de seis.

Todo marchaba bien. Era una “pared” relativamente fácil .Podían ver la cima con claridad. Tenían previsto alcanzarla al atardecer.  El descenso lo harían plácidamente  por la otra cara de la montaña.

Cuando apenas faltaban unos metros para llegar a la cima uno de los clavos falló; se desprendieron algunas piedras, y uno de los participantes, Pedro, quedó colgado en el vacío, sujeto a los otros por una cuerda y el mosquetón de su arnés.

Estaba oscureciendo. Hacía una hora que como suele suceder en los Picos de Europa una densa niebla lo envolvía todo, y  no dejaba ver mas allá de unos metros…

La situación era angustiosa. Pidieron socorro. Cuando una hora después se aproximó un helicóptero, a la niebla y a la oscuridad se añadió un fortísimo viento que impedía totalmente la aproximación.

Los ocupantes del helicóptero, con ayuda de unos potentes focos pudieron clarificar la situación.  Haciendo uso de altavoces, en medio del ruido de los motores y de las fuertes rachas de viento le dijeron a Pedro: “No podemos acercarnos a ti, corremos mucho peligro. ¡Corta la cuerda!”.

Pedro, entre tanto ruido apenas podía oír lo que le decían, pero sí entendió el final de la frase. “¡Corta la cuerda!”…   ¿Cortar la cuerda?,; pensó: si corto la cuerda me estrello en el vacío. ¡Estos tíos están locos!

Desde el helicóptero, le repitieron el mensaje hasta diez veces más y en vista de que no les obedecía optaron por marcharse, dejando a Pedro colgado en la montaña lleno de dudas y de temores.

Vino la noche y el frío intenso. Pedro sacó  de su equipo  una gran navaja y la acercó a la cuerda… Si la corto, pensaba, caeré al vacío y me mataré. No puedo creer, no me fío de lo que me han dicho.

Le temblaban las manos. Le temblaba el cuerpo. El frío le hacía tiritar. La duda y la falta de fe en lo que le habían dicho,  le impedían  una y otra vez cortar la cuerda…  Pasaron unas horas y Pedro finalmente  murió de frío.

Al amanecer, cuando fueron en su auxilio le encontraron colgado de la cuerda y del mosquetón, con el cuerpo agarrotado totalmente frío. En su mano derecha, cerrada, tenía una gran navaja, que nunca se atrevió a usar.

Con una escalera lo descolgaron.  Estaba colgando desde casi la cima de  la montaña hasta poco más de un metro del suelo…

*

Evidentemente Pedro no tuvo fe en lo que le decían desde el helicóptero.  Su mente no quiso asentir a lo que no veía. El miedo le impulsó a no reconocer  la autoridad  del testimonio de las personas del helicóptero, y no les hizo caso. Su falta de fe le costó la vida.

En este mundo,en base a la autoridad del testimonio de personas humanas, tenemos fe, y aceptamos lo que no vemos en muchas situaciones.

Ante Dios, la autoridad del testimonio para tener Fe y aceptar lo que no vemos, la tiene Cristo Jesús.

La Fe en Cristo Jesús, es una gracia que solamente Dios concede.  Es un don de Dios. Podemos pedirla, aunque a veces, sin pedirla, el Señor también la concede.

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(A Don Fernando Martín, con mi agradecimiento)

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