¿UN NUEVO FRANCISCO DE ASÍS?

Todo ha sido posible gracias a la actuación oculta, pero llena de sabiduría, del Espíritu Santo. Seguramente era conveniente y posiblemente necesario.

Silencioso, rápido e inesperado. Ha sido un cambio profundo en el modo y en las formas –no sabemos si también en la acción– en el seno de la Iglesia Católica.

Quizás sea la respuesta adecuada a las súplicas de un anciano Papa arrodillado ante el Santísimo muchos días y muchas noches.

Ha venido de muy lejos.  Ha pasado la mayor parte de su vida ayudando a los pobres y marginados sociales.  Estas han sido sus primeras frases pronunciadas en un italiano con acento argentino, un italiano dulce y cadente…:

  •  “Sabéis que el deber del cónclave era dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos Cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo…, pero aquí estamos.”
  •  “Quisiera dar la Bendición, pero antes, antes, os pido un favor: antes que el Obispo bendiga al pueblo, os pido que vosotros recéis para el que Señor me bendiga: la oración del pueblo, pidiendo la Bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de vosotros por mí… “
  •  “Edificar la Iglesia. Se habla de piedras: las piedras son consistentes; pero piedras vivas, piedras ungidas por el Espíritu Santo. Edificar la Iglesia, la Esposa de Cristo, sobre la piedra angular que es el mismo Señor.”
  •  “Podemos caminar cuanto queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, algo no funciona. Acabaremos siendo una ONG asistencial, pero no la Iglesia.”
  •  “La vejez es –me gusta decirlo así– la sede de la sabiduría de la vida. Los viejos tienen la sabiduría de haber caminado en la vida, como el anciano Simeón, la anciana Ana en el Templo. Y justamente esta sabiduría les ha hecho reconocer a Jesús. Ofrezcamos esta sabiduría a los jóvenes: como el vino bueno, que mejora con los años, ofrezcamos esta sabiduría de la vida.”
  • “Dios nunca se cansa de perdonar. Nunca. “Y, ¿cuál es el problema?” El problema es que nosotros nos cansamos, no queremos, nos cansamos de pedir perdón. Él jamás se cansa de perdonar, pero nosotros, a veces, nos cansamos de pedir perdón. No nos cansemos nunca, no nos cansemos nunca.”
  •  “Dios no quiere una casa construida por el hombre, sino la fidelidad a su palabra, a su designio; y es Dios mismo quien construye la casa, pero de piedras vivas marcadas por su Espíritu. Edificar la Iglesia, la Esposa de Cristo, sobre la piedra angular que es el mismo Señor.”
  •  “Cuando no nos preocupamos por la creación y por los hermanos, entonces gana terreno la destrucción y el corazón se queda árido. Por desgracia, en todas las épocas de la historia existen «Herodes» que traman planes de muerte, destruyen y desfiguran el rostro del hombre y de la mujer.”
  • “Para «custodiar», también tenemos que cuidar de nosotros mismos. Recordemos que el odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Custodiar quiere decir entonces vigilar sobre nuestros sentimientos, nuestro corazón, porque ahí es de donde salen las intenciones buenas y malas: las que construyen y las que destruyen.”
  • “No debemos tener miedo de la bondad, más aún, ni siquiera de la ternura. Hoy, ante tantos cúmulos de cielo gris, hemos de ver la luz de la esperanza y dar nosotros mismos esperanza. Custodiar la creación, cada hombre y cada mujer, con una mirada de ternura y de amor; es abrir un resquicio de luz en medio de tantas nubes; es llevar el calor de la esperanza.”

A no muchos kilómetros  de allí, en Castelgandolfo, el autor de la Encíclica “Spe Salvi”, observa, calla y espera… pero también sonríe. El Espíritu Santo ha dado una maravillosa respuesta a sus plegarias.

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