QUISO ESPERAR HASTA EL FINAL.

Cuando en la festividad del Corpus Christi, leemos el evangelio del ciclo A, nos encontramos con el texto de San Juan, 6, 51-58, que dice literalmente así:

“En aquél tiempo , dijo Jesús a los judíos: – “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.”

“Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. “El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él”.

Esta lectura todavía hoy, resulta un tanto “extraña” para mucha gente. Si alguien es curioso y trata de informarse con mas detalle en el mismo evangelio de San Juan, no encontrará en todo el libro una lectura que aclare bien el contenido de las palabras de Jesús.

Cuando San Juan escribe el discurso del pan de Vida, lo hace bastante antes de que se celebre la Santa Cena: El discurso del pan de vida ocupa el capitulo 6, mientras la Santa Cena ocupa el capitulo 13 del libro. Leyendo los capítulos del 7 al 12, podemos calcular, que Jesús no quiso dar una explicación clara a sus discípulos ni al pueblo judío, en bastante tiempo. Quiso  esperar hasta el final; hasta el día antes de morir.

Todo lo que sucedió en aquella Santa Cena, donde Jesús celebraba la Pascua con sus discípulos, no lo escribe San Juan en su Evangelio, sencillamente porque ya  estaba escrito con todo detalle, por San Pablo y los otros evangelistas.

Existe una explicación sencilla: San Pablo es el primero que escribe sobre Jesús, y San Juan es el último.  Cuando Jesús asciende a los Cielos, San Pablo tendría unos 40 años, mientras que San Juan, en aquél entonces  podría tener unos 25-30 años.

San Pablo escribe sus Cartas entre los años 65-75 d.C.  San Juan escribe su Evangelio en el año 90 d.C.- Entre el relato del Pan de Vida y el Relato de la Santa Cena hay 20 años de diferencia.

Leamos a San Pablo en  I Corintios,11,23-26:

“Porque yo recibí del Señor lo que también os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que fue entregado, toma pan, y dando gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en memoria mía”.

Y de la misma manera, después de cenar, tomó el cáliz diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; cuantas veces lo bebáis hacedlo en memoria mía”.

“Porque cada vez que comeis este pan y bebéis este cáliz, anunciáis la muerte del Señor hasta que venga. Así pues, quien coma el pan o beba el cáliz del Señor indignamente será reo del cuerpo y de la sangre del Señor.”

 La Palabra de Dios hace el milagro.  Simplemente lo dice: Estos trozos de pan, porque lo digo Yo, Jesús, que soy Dios, y bajo la Palabra de Dios, pasan a ser “el Cuerpo de Cristo”. Este cáliz de vino, porque lo digo Yo, Jesús, Hijo de Dios pasa a ser mi Sangre, “la Sangre de Cristo”. Las palabras de Jesús en la Santa Cena, obran el milagro:

.El pan pasa a ser su Cuerpo.

.El vino pasa a ser su Sangre.

Aquello fue un milagro. Sin embargo, este gran milagro de Jesús, fue un  milagro sin fin. Un milagro que no termina. Un milagro que se repite todos los días  una y mil veces. Un milagro que se repite una y cada vez que los hombres  queremos que se celebre. 

Esa noche se instituye el Sacramento de la Eucaristía.

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Todo queda aclarado: San Juan antes, San Pablo después.

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