CAMBIANDO EUROS POR “MÉRITOS”

­- ¡Hola Julián! ¿Cómo estás? Te encuentro bastante “tristón”.

– ¿Triston? Estoy más que triston. Estoy totalmente desengañado de la vida. Tengo dudas, tengo desilusión, tengo malhumor y …tengo miedo.

– ¿Pero qué dices? ¡Si a ti la vida te ha sonreído siempre! ¡Si tú has conseguido prácticamente todo lo que se puede conseguir en este mundo!¡Seguro que tienes una magnifica cuenta corriente!

– Sí, sí; pero ahora, a mis ochenta años he descubierto que todo lo que he hecho, que todo lo que he trabajado, que todo lo que he acumulado, no sirve de nada. Me voy a morir sin saber para qué me va a servir esa enorme cuenta corriente cuando no esté en este mundo.

– Bueno, no te desmoralices. Aunque tengas ochenta años aún puedes recobrar toda tu ilusión.

– ¿Cómo?

– Pues es muy sencillo. Ya sabes, hay un refrán que dice: “A Dios rogando y con el mazo dando”. Eso significa que en nuestra vida existen dos caminos por los que podemos y debemos caminar. Los dos son compatibles. Tu te has pasado la vida caminando por el segundo, dándole al “mazo”, y acumulando una cuenta corriente de millones de euros.

Sin embargo, por lo que sea, has caminado muy poco por el primer camino. “A Dios regando”, significa también trabajar, especialmente con la mente, y sobretodo, alentar, cuidar, mimar, y valorar ese espíritu que llevamos dentro, que nos permite, hablar con Dios , pedirle a Dios, y estar cerca de Dios.- Por este camino también tendremos una cuenta corriente, pero no euros sino en “méritos”

– ¿Una cuenta corriente en “méritos”? ¿Que´es eso?

– Pues méritos ante Dios. Esa es una “moneda” no visible, pero real. Con esa moneda tan especial se pueden hacer ingresos en el cielo, y naturalmente acumular millones lo mismo que en la tierra. Esa cuenta corriente la tienes casi vacía y en varias ocasiones posiblemente ha estado en números rojos..

– Bien, y para que quiero yo esa cuanta corriente en el Cielo, si eso no sirve para nada…

– Sí sirve Julián, sí sirve. Mira: ese problema que tú tienes ahora, de desilusión, de desengaño, de tristeza, de auténtica amargura, y también de miedo porque ves la proximidad de la muerte, no lo tuvo por ejemplo esa monjita del Asilo de Ancianos que un día me regaló un limón.

Ella, en el transcurso de su vida estuvo trabajando intensamente, no para su beneficio, sino para los demás. Pero es que además se pasaba el día rezando y ofreciendo su trabajo al Señor. Asistía a la celebración de la misa todos los días y de este modo los “méritos” de su cuenta corriente en el Cielo crecían exponencialmente.

– Murió sonriendo, Julián, en un ambiente de paz inmensa. Absolutamente tranquila, sin temor, alegre y dialogando con el Señor. Le pedía tener en el Cielo un huerto de limoneros. Cuando murió su cara era la más viva expresión de la paz. Tranquilidad, serenidad, paz y confianza absoluta ante la muerte.

– ¿Sabes por qué, Julián?

Porque caminando por ese otro camino ademas de ser hijos de Dios nos convertimos en “amigos de Dios” Tendremos un acompañante excepcional, un “Amigo” con mayúscula, que nos guía, que nos asiste, que nos protege, que nos aconseja, y … al final, cuando un día, al despertarnos, no veamos la luz, y nos encontremos inmersos en un paisaje de cañadas oscuras, no sucederá nada desagradable ni catastrófico, porque ese “Amigo” -con mayúscula- que ha sido nuestro compañero aquí en la vida, también nos acompañará entonces…

– Bueno, bueno, ¡vamos a ver! Entonces, los millones de euros que yo tengo, ¿los podría cambiar por esos “méritos” que tu dices?

– Seguramente sí; pero se lo tienes que pedir al Señor. Él te conoce muy bien y además quiere ser tu Amigo y ayudarte. Sólo hace falta que tú quieras. Eso es lo que llamamos tener fe. Desde el principio del mundo con la fe por delante, el Señor lo concede todo.

– ¿Entonces?

– Entonces, a partir de mañana piensa de otra manera. Busca al Señor, busca a ese “Amigo” que nos acompaña cuando se lo pedimos. Acércate a Él sin prejuicios. No está tan lejos. A lo mejor no lo sabes, o lo has olvidado, pero está esperándonos en todas las iglesias.

Cuando entres, pregúntale al sacerdote dónde está el Señor y él te lo dirá. No lo vas a ver con tus ojos del cuerpo, pero poco a poco lo veras con los ojos de tu alma. Entonces todo será más fácil.

Después, pregúntale al sacerdote cómo se puede trabajar para el Señor, y cómo se pueden conseguir los “méritos” Desde mañana y hasta que el Señor te llame te puedes hacer millonario.

Ah, y empieza por repartir parte de esos millones de euros entre las personas que los necesiten. Esos euros, seguro seguro, que el Señor te los cambia por “méritos”.

Pronto perderás tu inquietud y tu tristeza y tendrás paz y alegría, y no olvides que cuando llegue el día, en que al despertar te encuentres en medio de unas cañadas oscuras, ese Amigo que has encontrado al final de tus días, estará junto a ti, iluminando un camino que conduce a la Felicidad.

Allí, encontrarás el fruto de tus “méritos”…

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