DÉJAME LLEVAR TIERRA

Naamán, general sirio, muy apreciado por su rey, estaba leproso. Una muchacha israelita al servicio de su mujer, le dijo a esta, que en Samaria había un profeta capaz de curarle.

El rey de Siria escribió una carta al rey de Israel, y Naamán partió hacia allí con trescientos cuarenta kilos de plata, seis mil monedas de oro y diez mudas de vestidos.

Con esta comitiva llegó a la puerta de la casa de Eliseo. “Anda, báñate hasta siete veces en aguas del Jordán y tu cuerpo quedará limpio”.

Se produjo el milagro.  Acto seguido Naamán, regresó con toda su comitiva adonde estaba el hombre de Dios, y en pie ante el le dijo: “Reconozo que no hay otro dios en toda al tierra  fuera del Dios de Israel. Y ahora dígnate recibir  un regalo de tu siervo.

Eliseo se nego rotundamente a aceptar nada.

Naamán dijo. “Déjame llevar tierra, la carga de un par de  mulas, pues tu siervo no ofrecerá  ya holocausto y sacrificio a otros dioses fuera del Señor.

¡Déjame llevar tierra!

Casi todos  tenemos en casa un recuerdo en forma de unas piedras o un poco de agua, o unas hojas de algún árbol, de aquél lugar que tanto nos impresionó.

Naamán quiso tener en su casa, un poco de la tierra de Israel, de la tierra donde  “habitaba” el Señor que le había curado de su lepra.

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.