EL AMOR NO HACE RUIDO…

Antes de tener novia Rafael era un acérrimo aficionado a los toros.  Asistía a todas las corridas de toros, de España, y alguna vez incluso fuera de España.

Rafael  inició su noviazgo con Cari con 42 años.  Con gran sorpresa por su parte descubrió que  a Cari también le gustaban los toros, hasta el extremo de acompañarle siempre.

Dos años después se casaron, pero el Señor no les concedió hijos.  Eso hizo que dispusieran de mucho tiempo libre, y que pudieran viajar  asistiendo a muchísimos festejos taurinos.

Pasaron los años.  Sus amigos no entendían mucho aquella manía,  hasta que un día  por imperativo físico, Rafael empezó a pensar  que deberían ir espaciando   su asistencia a las corridas. Sin embargo guardó silencio.  No podía de ningún modo privar  a su mujer de ese capricho…

Ocultó sus pensamientos a su mujer y siguió asistiendo a los toros con ella, hasta que un día no pudiendo aguantar mas le dijo:

.- Cari, durante muchos años hemos asistido a las corridas de toros, con toda la ilusión del mundo.  Te confieso que  últimamente  no tenía mucha gana, pero era tanta la ilusión que veía en tus ojos, que no tenía fuerzas para negarme.  Desde hace un año, ir a los toros para mí es un auténtico sacrificio, y por ello, con todo mi dolor me atrevo a pedirte, que si te parece bien podríamos  dejarlo…

Cari guardó silencio, se quedó pensativa, le  brotaron unas lágrimas de los ojos,  y se abrazó a su marido.  Acercó su boca a su oído y le dijo en voz baja y entrecortada: “Rafa, a mí nunca me han gustado los toros”.

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(Esta historia la he oído recientemente para ejemplarizar el amor).

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