EL CAMINO DE LA REDENCIÓN (II)

Durante tres días el cuerpo de Jesús, permaneció en un sepulcro, mientras su Divinidad bajó a los infiernos, al seno de Abrahán, donde durante siglos permanecían esperando las almas de todos los justos fallecidos hasta ese día, para redimirles igualmente.

Tres días después se produce como estaba escrito, la Resurrección, para enseñarnos que después de que se pierde la vida humana y natural, queda la Vida Divina Sobrenatural, que nunca se pierde, porque el Demonio nunca pudo con ella.

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Jesús resucita, y durante cuarenta días se dedica a aparecerse en diversas ocasiones, Con ello demuestra que su Resurrección es real, y al mismo tiempo nos vuelve a recordar sus enseñanzas y nos da sus últimos consejos.

Jesús resucitó con un Cuerpo Espiritual, y al igual que los ángeles, tomó la forma de hombre, temporalmente.  Jesús Resucitado era una criatura espiritual que podía aparecer y desaparecer con poderes espirituales y divinos.

Sin embargo los “Cuerpos” en los que se presentó a las personas no eran idénticos.  Por eso, incluso sus amigos íntimos solo lo pudieron reconocer por cosas que dijo o hizo.

El apóstol Tomás se dio cuenta de que Jesús había resucitado porque este se le presentó con un Cuerpo que tenía marcas de heridas. Eso fortaleció la fe de Tomás, quien había dudado de que Jesús hubiera vuelto a la vida. Los discípulos de Emaús le reconocieron por el modo de partir el pan…

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Transcurridos esos cuarenta días los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado. Una vez que estaban allí reunidos le hicieron esta pregunta:

–Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el Reino de Israel?

Él les contestó:

– “No es cosa vuestra conocer los tiempos o momentos que el Padre ha fijado con su poder, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que descenderá sobre vosotros, y seréis mis testigos en Jerusalén, en todo Judea y Samaría y hasta los confines del mundo”.

Y Jesús se acerco a ellos y les dijo :

–”Se me ha dado todo potestad en el cielo y en la tierra. Id, pues y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñadles a guardar todo cuanto os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

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Jesús asciende a los Cielos y los apóstoles regresaron a Jerusalén, y subieron al Cenáculo, donde vivían los demás. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración junto con algunas mujeres y con María, la madre de Jesús.

Pasaron cincuenta días hasta que llegó Pentecostés:

“Estaban todos juntos en un mismo lugar y de repente sobrevino del Cielo un ruido como un viento que irrumpe impetuosamente. Entonces se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se dividían y se posaban sobre cada uno de ellos”.

“Quedaron como llenos del Espíritu y comenzaron a hablar  en otras lenguas según el Espíritu les hacia expresarse. La multitud que les rodeaba quedó perpleja porque cada uno les oía hablar en su propia lengua”.

Entonces Pedro, de pie, con los once, alzó la voz para hablarles así:

Lo que está ocurriendo es lo que dijo el profeta Joel: “Sucederá en los últimos días –dice Dios- que derramaré mi Espíritu sobre toda carne”.

Al oír esto, los presentes se dolieron de corazón, y le dijeron a Pedro y los demás apóstoles:

-¿Qué tenemos que hacer hermanos?

Pedro les dijo: “Convertíos, y que cada uno de vosotros se bautice en el nombre de Jesucristo, para perdón de vuestros pecados, y recibiréis el don del Espíritu Santo”.

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(sigue)

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