EL LABRADOR LA VID Y EL SARMIENTO

Santa misa del quinto domingo de Pascua.

Evangelio (Jn 15, 1-8)

«Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador. 

Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto. Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí y yo en vosotros.

Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los sarmientos. El que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada. Si alguno no permanece en mí es arrojado fuera, como los sarmientos, y se seca; luego los recogen, los arrojan al fuego y arden.

Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se os concederá. En esto es glorificado mi Padre, en que deis mucho fruto y seáis discípulos míos».

Comentario

<<Yo soy la vid verdadera y mi Padre es el labrador>>.

<<Todo sarmiento que en mí no da fruto lo corta, y todo el que da fruto lo poda para que dé más fruto>>

<<Yo soy la vid, vosotros los sarmientos>>

<<Permaneced en mí y yo en vosotros>>

Cuatro frases para resumir, el pasado, el presente y el futuro de nuestra vida.

Muchos de mis amigos leen y leen, y vuelven a leer una serie de libros, artículos, novelas modernas, novelas clásicos, libros relacionados con su profesión etc. etc. Son capaces en una tertulia de hablar de todas las materias, y de todas las culturas.

Verdaderamente impresionan con esa demostración cultural que exhiben, pero la mayoría de ellos no han leído los libros que escribieron los discípulos de Jesús: los Evangelios,  cuyo contenido, son las palabras, las frases, los discursos, las parábolas, y los pensamientos de la “Persona”  más importante de la Historia de la Humanidad.

Esos libros los ha dejado escritos para nosotros, el Señor inspirando la mente de las personas que convivieron con Jesús, convertidos en “escritores”, para que sus libros, llevasen sus mensaje a través de los siglos, a la mente y a la imaginación de todos, los que ahora tienen la dicha de leerlos.

Hoy el mensaje de Jesús para nosotros, son esas cuatro frases del inicio,  que son una invitación para que mañana  busquemos el Evangelio de San Juan en nuestra  librería, y empecemos a leerlo…

¡Quedaremos sorprendidos!

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