EL PERDÓN DE DIOS NO SE PUEDE NEGAR A NADIE (I)

El 19 de agosto de 2013 don Antonio Spadaro, S.J. director de “La Civitá Cattolica”, le pregunta al Santo Padre:

– ¿Quién es Jorge Mario Bergoglio? Y él le responde:

“Soy alguien que ha sido mirado por el Señor”. La respuesta tiene mucho que ver con el cuadro “La vocación de San Mateo” de Caravaggio, en el cual se escenifica a Jesús señalando a San Mateo, rodeado de fariseos. Sabemos por el evangelio lo que Jesús les estaba diciendo: “No tienen necesidad de médico los sanos sino los enfermos. Id y aprended qué sentido tiene misericordia quiero y no sacrificio”. (Mat 9, 12-13).

En la misma entrevista el Papa asume, que él, al igual que San Mateo, se siente “mirado” por el Señor, y que las palabras de Jesús a los fariseos son de rigurosa actualidad ahora como entonces… No es de extrañar que en sus primeras homilías el Papa Francisco nos hable de “heridas abiertas” de “heridos sociales” y que compare a la Iglesia con un “hospital de campaña.

Pero, su gran obsesión son las palabras de Jesús: “Id y aprended qué sentido tiene misericordia quiero”. Y mirando a su alrededor –veinte siglos después– encuentra tres tipos de “heridos sociales”, que requieren tratamiento urgente en ese gran “hospital de campaña” que es la Iglesia, en la cual él, con la ayuda del Espíritu Santo, es quien tiene que actuar…

Inicialmente habla de los homosexuales, después del divorcio y la nueva unión de los divorciados, y finalmente de los excomulgados por pecados de apostasía, herejía o cisma o la violación directa del sacramento de la confesión por un sacerdote y finalmente el procurar o participar en un aborto o la cooperación necesaria para que un aborto se lleve a cabo.

El tratamiento que el Santo Padre, cabeza visible de la Iglesia, está aplicando a estos tres grupos de “heridos sociales” rompe un poco los antiguos esquemas, especialmente en el caso del perdón para los excomulgados por aborto…

“Id y aprended qué sentido tiene misericordia quiero”. En base a ser portador y administrador de esa misericordia divina, el Santo Padre, inspirado por el Espíritu Santo, el 11 de Mayo de 2015, en una homilía –que posiblemente será histórica– presentó “La bula del Año de la Misericordia”, un Año de Jubileo de la Misericordia, que dará comienzo el 8 de Diciembre de 2015.

En la homilía de presentación de esta “Bula del Año de la Misericordia” nos dice:

“¿Por qué hoy un Jubileo de la Misericordia? Simplemente porque la Iglesia, en este momento de grandes cambios históricos, está llamada a ofrecer con mayor intensidad los signos de la presencia y de la cercanía de Dios”.

Para ello el Santo Padre ha querido tener un gesto concreto: el envío de ‘misioneros de la misericordia’ a quienes el Papa dará la autoridad de perdonar también los pecados reservados a la Sede Apostólica.

Pero, ¿cuáles son esos pecados?, ¿qué condiciones hay para perdonarlos?, ¿por qué están reservados a la Sede Apostólica? A estas preguntas ha respondido a ZENIT, el profesor Davide Cito, de la Facultad de Derecho Canónico de la Universidad de la Santa Cruz en Roma.

Cuando hablamos del perdón de pecados que están reservados a la Sede Apostólica nos referimos, haciendo referencia a la terminología en uso en el Código de 1917, a “pecados que comportan la pena automática de la excomunión cuya remisión está reservada a la Sede Apostólica, y que por tanto necesitan ser sometidos generalmente al juicio de la Penitenciaría Apostólica para ser absueltos”.

Asimismo, indica que entre estos pecados encontramos por ejemplo la profanación de las especies eucarísticas. También el pecado de aborto –añade– implica una excomunión pero que no está reservada a la Sede Apostólica sino al obispo a un delegado suyo.

Este gesto del Santo Padre, de autorizar a estos “misioneros de la misericordia” a perdonar estos pecados, al padre Cito le parece que es un gesto que pone en práctica lo que Francisco afirma en el número 3 de la Evangelii gaudium n. 3: ‘¡Nos hace tanto bien volver a Él cuando nos hemos perdido! Insisto una vez más: Dios no se cansa nunca de perdonar, somos nosotros los que nos cansamos de acudir a su misericordia’. Finalmente, explica que “es una forma de tocar con la mano la cercanía de la misericordia de Dios a pesar de la gravedad del pecado. Y es Dios que viene a nuestro encuentro una vez más”.

Pues, desde ahora y durante todo el Año de la Misericordia (del 8 de diciembre de 2015 al 20 de noviembre de 2016), cualquier cura, en cualquier lugar del mundo, sin permiso previo de su obispo, podrá perdonar el aborto.

Dice el Papa: «Pienso, de forma especial, en todas las mujeres que han recurrido al aborto. Conozco bien los condicionamientos que las condujeron a esa decisión. Sé que es un drama existencial y moral. He encontrado a muchas mujeres que llevaban en su corazón una cicatriz por esa elección sufrida y dolorosa».

Y añade el Papa: «El perdón de Dios no se puede negar a nadie».

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