EL ROSTRO HUMANO DE LA MISERICORDIA (II)

 

 

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CIUDAD DEL VATICANO. Fiesta de la Inmaculada. Apertura de la Puerta Santa.

“Este Año Extraordinario es también un don de gracia. Entrar por la puerta significa descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale personalmente al encuentro de cada uno. Es Él el que nos busca. Es Él el que sale a nuestro encuentro. Será un año para crecer en la convicción de la misericordia”.

¡Cuánto se ofende a Dios y a su gracia cuando se afirma, sobre todo, que los pecados son castigados por su juicio, en vez de destacar que son perdonados por su misericordia! Debemos anteponer la misericordia al juicio y, en cualquier caso, el juicio de Dios tendrá lugar siempre a la luz de su misericordia.

Que el atravesar la Puerta Santa, por lo tanto, haga que nos sintamos partícipes de este misterio de amor. Abandonemos toda forma de miedo y temor, porque no es propio de quien es amado; vivamos, más bien, la alegría del encuentro con la gracia que lo transforma todo.

Hoy, aquí en Roma y en todas las diócesis del mundo, cruzando la Puerta Santa, queremos recordar también otra puerta que los Padres del Concilio Vaticano II, hace cincuenta años, abrieron hacia el mundo. Esta fecha no puede ser recordada sólo por la riqueza de los documentos producidos, que hasta el día de hoy permiten verificar el gran progreso realizado en la fe.

Era un volver a tomar el camino para ir al encuentro de cada hombre allí donde vive: en su ciudad, en su casa, en el trabajo…; dondequiera que haya una persona, allí está llamada la Iglesia a ir para llevar la alegría del Evangelio y llevar la misericordia y el perdón de Dios. Un impulso misionero, por lo tanto, que después de estas décadas seguimos retomando con la misma fuerza y el mismo entusiasmo.

“Que al cruzar hoy la Puerta Santa nos comprometamos a hacer nuestra la misericordia del Buen Samaritano”.

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BASILICA DE SAN JUAN DE LETRAN. (Tercer domingo de adviento)

“Hemos abierto la Puerta Santa, aquí y en todas las catedrales del mundo. También es un simple gesto y una invitación a la alegría. Comienza el tiempo del gran perdón. Es el Jubileo de la misericordia”, dijo durante su homilía.

“En un contexto histórico de grandes abusos y violencias, a causa sobre todo de los hombres de poder, Dios hace saber que él mismo reinará a su pueblo, que no lo dejará en manos de la arrogancia de sus gobernantes, que lo liberará de cada angustia”.

“El Jubileo, que concluirá el 20 de noviembre del próximo año, es un tiempo dedicado a la remisión de los pecados y comienza con la apertura de la Puerta Santa de la basílica de San Pedro, algo que se produjo el pasado martes. Durante todo este tiempo podremos obtener Indulgencia Plenaria y aplicarla no solo a nosotros sino también a nuestros difuntos”.

La tradición manda que tras abrir la de la basílica vaticana se haga lo propio con las otras tres basílicas papales de Roma, por lo que este domingo el cardenal estadounidense James Harvey abrirá la de San Pablo Extramuros.

Finalmente el día 1 de enero el papa abrirá la última Puerta Santa, la de la basílica de Santa María la Mayor.

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CONCLUSIONES

Salir por esas puertas, después de haber recibido la Misericordia Divina, implica el que nosotros, también seamos misericordiosos con los demás, recordando que: misericordia es la virtud que nos impulsa a ser benévolos en el juicio o castigo, y significa tener un corazón solidario con aquellos que tienen necesidad. Por ejemplo:

Enseñar al que no sabe. Dar buen consejo al que lo necesita. Corregir al que yerra. Perdonar las injurias. Consolar al triste. Sufrir con paciencia los defectos del prójimo. Rogar a Dios por los vivos y las almas perdidas.
Visitar y cuidar a los enfermos. Dar de comer al hambriento. Dar de beber al sediento. Dar posada al peregrino. Vestir al desnudo. Liberar al cautivo. Enterrar a los muertos.

Pero recordemos que todo empezó allí en Bangui, un lugar del mundo casi olvidado, el epicentro de todas las calamidades humanas, en África, el continente que más sufrimientos soporta, donde la miseria abunda por doquier, donde no existe paz, donde se puede morir por ser cristiano… o musulmán.

Allí el Santo Padre visitó a los suyos en la Catedral de Bangui, pero después marchó a la Mezquita de PK5 abarrotada de prisioneros musulmanes, y allí en un sublime acto de misericordia con el prójimo, se quitó los zapatos, inclinó la cabeza y guardó silencio en el mihrab, la zona de la mezquita que mira en dirección de la ciudad sagrada musulmana de La Meca, y permaneció rezando un largo rato.

Quizás quiso recordarnos que la Misericordia de Dios es para todas las criaturas humanas, porque en definitiva todas han recibido parte de su Espíritu…

Como os decía antes, la Misericordia ya tiene un rostro humano, con la cabeza cubierta con un pequeño gorrito blanco, con un solideo blanco…

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