EL SEÑOR SIEMPRE PIDE PERMISO (I)

Estamos en la Cuaresma del año 2020.  Sufrimos con paciencia la cuarentena de la pandemia del coronavirus. Son dias para acordarnos del Señor y meditar los episodios de nuestra Redención. Eso es lo pretenden estos tres articulos.

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“El Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, insufló en sus narices aliento de vida y el hombre se convirtió en un ser vivo a imagen y semejanza de Dios”.

El hombre recibió con el aliento de Dios, el Espíritu Dios, la Gracia de Dios. Ese aliento convirtió al hombre en hijo de Dios, en virtud de su Gracia

Eso significa que en la criatura humana en su origen hoy dos vidas: Una vida humana, natural, y una vida sobrenatural y divina.

Vivian junto a Dios y gozaban de la presencia de Dios. La Muerte no existía para ellos, porque la Muerte (el Diablo), estaba en el averno. 

Eran inmortales, y tenían inmunidad al dolor y al sufrimiento. Tenían una gran inteligencia y el don de la ciencia infusa y no conocían la concupiscencia. Al igual que los ángeles disponían del don de la Libertad.   

—”De todos los árboles del Paraíso puedes comer, pero del árbol de la ciencia del bien y del mal no comas, porque el día que de él comieres ciertamente morirás”.

El mandato de Dios no fue arbitrario ni superfluo, sino muy conveniente, para que el hombre pudiera ejercitar su libertad, y demostrar su amor a Dios, y merecer el premio eterno.

Adán y Eva al transgredir el mandato de Dios cometieron un pecado grave, de desobediencia,  de soberbia-

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Adán y Eva desobedecieron a Dios, y su pecado tuvo consecuencias desastrosas: Perdieron su vida sobrenatural y divina. Solo permaneció su vida humana y natural y pasaron a ser esclavos de su carne y esclavos del demonio.

Quedaron sometidos al sufrimiento y a la muerte,  inclinados al mal y al error, afectados por la concupiscencia, y debilitados, desorientados y oscurecidos para acometer el bien.

Viendo que  esas criaturas  fruto del Amor Divino, no eran capaces de retornar a su presencia por si mismas, el Señor decidió una plan de Rescate, un plan de Redención.

Por eso y para eso fue necesario que el Hijo de Dios, viniera a la tierra.

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Se trataba  de  dar de nuevo al ser humano ese Aliento de Vida que llamamos Gracia; de volver a proporcionarle la Vida sobrenatural y divina que había perdido.

Para ello el Hijo de Dios, apareció entre nosotros convertido en un ser humano, nacido de mujer, con una doble naturaleza: Vida humana natural, y Vida Divina Sobrenatural.

En silencio, y durante años, su vida humana natural le llevo a compartir con nosotros todas nuestra alegrías, hambre, frio, calor y sufrimientos.

Siendo adulto se dedicó a cumplir su plan de Rescate. Tres años de enseñanza, de ejemplos, de milagros, y de recordarnos a Dios nuestro Creador de todos los modos y formas posibles, e imposibles.

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Finalmente la lucha a muerte contra la Muerte. Su naturaleza humana, débil, fue utilizada por el Diablo, para tentarle, incitándole a evitar tanto martirio, – haciendo uso su naturaleza divina–, y renunciar a la Cruz.

Todos los martirios humanos fueron utilizados por el Diablo, pero aquella batalla la ganó Jesús, siendo simplemente hombre, en nombre de todos los hombres, para todos los hombres.

En la cruz quedo el cadáver de Jesús hombre. El Hijo de Dios, representando a toda la humanidad, no sucumbió a las tentaciones del Diablo, y nos redimió para siempre, porque en aquella cruz quedaron perdonados todos nuestros pecados.

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(sigue)

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