FARISEOS DEL SIGLO XXI

Evangelio de San Marcos (Mc 3,1-6):

“De nuevo entró en la sinagoga. Había allí un hombre que tenía la mano seca. Le observaban de cerca por si lo curaba en sábado, para acusarle. Y le dice al hombre que tenía la mano seca:   — Ponte de pie en medio.

-–Y les dice:

— ¿Es lícito en sábado hacer el bien o hacer el mal, salvar la vida de un hombre o quitársela?   Ellos permanecían callados. Entonces, mirando con ira a los que estaban a su alrededor, entristecido por la ceguera de sus corazones, le dice al hombre:

— Extiende la mano.

La extendió, y su mano quedó curada. Nada más salir, los fariseos con los herodianos llegaron a un acuerdo contra él, para ver cómo perderle.

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Comentario

En la sinagoga donde se encontraba el hombre de la “mano seca”, Jesús ya había hecho algunos milagros. Era conocido, pero ahora se trataba de ver si era capaz de “actuar” en sábado, es decir si Él era superior a la Ley vigente que hacía del sábado un día sagrado. 

Por ello les pregunta:

– ¿Es lícito en sábado hacer el bien o hacer el mal, salvar la vida de un hombre o quitársela?

Pero ellos permanecían callados. Entonces, mirando con ira a los que estaban a su alrededor, entristecido por la ceguera de sus corazones,  Jesús  actúa como Hijo de Dios,  y obra el milagro.

La respuesta del grupo de fariseos  y herodianos, fue la de dar suelta a su odio por Jesús, y deciden asociarse contra Él.  Hacer el bien o hacer el mal, para ellos dependía  de lo disponían las “normas”

Ellos solo entendían sus normas y  siempre actuaban según lo  que la mayoría entendía por “correcto”. La apariencia por la apariencia. Todo se manipulaba, de forma que se acusaba a los cristianos de ser ellos  los que actuaban mal porque actuaban  según lo opuesto a lo “bueno” y lo “correcto”

Concretando: Ellos eran el “bien” y por lo tanto todo lo opuesto a lo que ellos predicaban era “malo”. Por eso no podían tolerar la presencia y las actuaciones de Jesús.

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Hoy día, en nuestro mundo civil, vivimos una situación parecida: las personas que nos gobiernan, se creen o piensan que ellos son el “bien” y todos los que no piensan como ellos son los “malos”.

Pontifican sobre todo: Acusan, de ser malo e innecesario a todo aquello que tiene que ver o representa amor por Dios o al prójimo, mostrando absoluto desinterés por ello.

Se mueven  en medio de diferentes “ideologías”, que se van sucediendo una tras otra. Son ideologías vacías, que cuando se analizan,  detrás de ellas no hay nada de nada. Además, para mantener sus ideas y su poder son capaces de asociarse con cualquiera.

Son los auténticos fariseos del siglo XXI. Que al igual que aquellos que convivieron con Jesús,  se creen los únicos dueños del “bien”.

Por ejemplo : Actualmente, para ellos, la gran preocupación en nuestros días y  la gran discusión “moral”, es si se debe permitir a las mujeres,  ver la imagen real y directa de su hijo vivo, moviéndose dentro de su vientre y escuchando el latido de su corazón,  visitando un centro médico , donde se les brinde esta posibilidad. 

Porque  ellos insisten una y otra vez que  el aborto, es un “derecho” y es un “bien”. Los equivocados somos nosotros. Los malos somos nosotros que queremos impedirlo. Por eso legislan de modo que el impedimento para abortar sea prácticamente nulo.

Según su particular y perverso modo de pensar, el hecho de que la embarazada vea moverse a su niño, y oír el latido de su corazón, sería ir contra la ley establecida por ellos mismos, y los que obren de este modo se exponen a una sanción legislativa, que podría privarles de su cargo civil.

Ellos, lo resumen todo diciendo que predicar contra el aborto es un atentado contra la libertad de la mujer.  

Dicen: – ¡No se puede impedir que la mujer tenga derecho al aborto y a matar a sus hijos!  ¡¡La libertad ante todo!!

Para ellos esto es como un dogma de fe laico. 

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NB   

Con enorme tristeza leemos las estadísticas sobre abortos. El aborto es un no a la ley moral natural. El aborto es un no a la lógica. Con el aborto, el hombre, en el colmo de la aberración, destruye al hombre.

 Sin embargo nos queda una esperanza:

El mismo Dios que hizo la ley de la gravedad hizo también la ley de la justicia.

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