FUERON LOS OBREROS PORTUARIOS

Hace 290 años –un sábado 17 de abril de 1723–, entraba por la bocana del puerto de Cartagena un barco procedente de Nápoles. Era un barco de carga que entre otras muchas cosas, traía una escultura de la Virgen encargada varios meses antes por la Junta de Gobierno del Hospital de Caridad a un afamado escultor napolitano.

El aspecto del barco era lamentable: venía prácticamente desarbolado, casi sin capacidad de maniobra, hasta el punto que tuvieron que ayudarle varias embarcaciones en la maniobra de atraque. Unos días antes estuvo a punto de naufragar, y casi toda la carga había sufrido importantes desperfectos.

Llegado el momento de la descarga, los estibadores del puerto observaron entre varios tablones de madera, la cara de una preciosa escultura. Con mucho cuidado fueron separando los componentes del embalaje, y ante sus ojos apareció la figura de una preciosa Virgen que sostenía en sus brazos a su Hijo yacente. Era una bellísima escultura: una “Piedad” de tonos napolitanos llamativos y brillantes.

Aquellos hombres, acostumbrados a todo tipo sorpresas, curtidos por el rudo trabajo que desempeñaban, quedaron profundamente impresionados. En el muelle esperaba un carruaje tirado por dos caballos, preparado para transportar la escultura a la capilla del Hospital de Caridad. Los hermanos de la Junta de Gobierno aguardaban ansiosos el desembarco.

Sin embargo sucedió algo inaudito. El capataz de los estibadores se negó rotundamente a que aquella preciosa escultura, aquella maravillosa imagen de la Virgen, fuese transportada en un carro por las calles de la ciudad.

Con gran habilidad, usando parte de los materiales y maderos que necesitaban para su trabajo habitual, construyeron un trono, depositaron y fijaron la escultura en él, y, a hombros, lentamente salieron en “procesión” desde el muelle hacia el Hospital, pasando por las calles de Cartagena.

Nadie sabía nada. Nadie esperaba ver aquella inesperada procesión, pero de pronto todos los viandantes se situaron alrededor de la Virgen y se unieron a ellos. Aparecieron flores, miles de flores, y sin prisas, pausadamente, en medio del fervor de los cartageneros, la Virgen llegó al Hospital y fue situada en la capilla del mismo, pared con pared con el pabellón de los enfermos.

La entrada de la Virgen en el hospital se produce 17 años después de su construcción. Aquella imagen que inicialmente se llamó Nuestra Señora de los Dolores, posteriormente, y debido al nombre del Hospital, pasó a llamarse Virgen de la Caridad y con el paso de los años se convertiría en Patrona de Cartagena.

Siempre, y cada vez que la Virgen cambia su pedestal en la Iglesia por un trono, para ser “procesionada” por los motivos que fuere, aparecen sus “amigos” los obreros de la Obra del Puerto, y se encargan con todo mimo de hacerlo adecuadamente.

Es un trabajo nada fácil, que ellos desempeñan con la máxima ilusión y cariño. Es un derecho adquirido, del que ellos se enorgullecen y que desempeñan con tanto esmero como aquel 17 de abril de 1723 cuando la Santísima Virgen “envuelta” en tablones, les miraba desde la bodega de un barco, que a punto estuvo de naufragar…

___________

De un relato de los Obreros Portuarios de Cartagena a mi amigo Adrián Ángel Viudes.

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.