LA PUERTA DE LA FE.

Habían salido unos años antes de Antioquía. Los dos, San Pablo y Bernabé, encomendados a la gracia de Dios para la obra que tenían que realizar. Regresaban después de unos años de apostolado, y al llegar reunieron a la iglesia y contaron todo lo que el Señor había hecho por mediación de ellos y como había abierto a los gentiles la puerta de la fe. (He 14,27)

El Señor, por mediación de ellos, había abierto a los gentiles “la puerta de la fe”. Con esta frase inicia el Santo Padre su última Carta Apostólica.

“Es la puerta que nos introduce en la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la Palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmar por la gracia de Dios que transforma. Atravesar ese puerta supone emprender un camino que dura todo la vida”. (Benedicto XVI).

Esta es la esencia de la Carta que el Santo Padre matiza con varias frases muy propias de él:

• La Iglesia en su conjunto, y en ella sus pastores, como Cristo han de ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia Aquél que nos da la vida y la vida en plenitud.

• La renovación de la Iglesia pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes: con su misma existencia en el mundo, los cristianos están llamados efectivamente a hacer resplandecer la Palabra de verdad que el Señor Jesús nos dejó.

• «Caritas Christi urget nos» (2 Co 5, 14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. Hoy como ayer, él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (cf. Mt 28, 19).

• Profesar con la boca indica, a su vez, que la fe implica un testimonio y un compromiso público. El cristiano no puede pensar nunca que creer es un hecho privado. La fe es decidirse a estar con el Señor para vivir con él. Y este «estar con él» nos lleva a comprender las razones por las que se cree. La fe, precisamente porque es un acto de la libertad, exige también la responsabilidad social de lo que se cree.

• Por otra parte, no podemos olvidar que muchas personas en nuestro contexto cultural, aún no reconociendo en ellos el don de la fe, buscan con sinceridad el sentido último y la verdad definitiva de su existencia y del mundo. Esta búsqueda es un auténtico «preámbulo» de la fe, porque lleva a las personas por el camino que conduce al misterio de Dios.

• Desde la Sagrada Escritura a los Padres de la Iglesia, de los Maestros de teología a los Santos de todos los siglos, el Catecismo ofrece una memoria permanente de los diferentes modos en que la Iglesia ha meditado sobre la fe y ha progresado en la doctrina, para dar certeza a los creyentes en su vida de fe.

• En efecto, la fe está sometida más que en el pasado a una serie de interrogantes que provienen de un cambio de mentalidad que, sobre todo hoy, reduce el ámbito de las certezas racionales al de los logros científicos y tecnológicos. Pero la Iglesia nunca ha tenido miedo de mostrar cómo entre la fe y la verdadera ciencia no puede haber conflicto alguno, porque ambas, aunque por caminos distintos, tienden a la verdad.

• Por la fe, María acogió la palabra del Ángel y creyó en el anuncio de que sería la Madre de Dios en la obediencia de su entrega.
Por la fe, los Apóstoles dejaron todo para seguir al Maestro.
Por la fe, los discípulos formaron la primera comunidad reunida en torno a la enseñanza de los Apóstoles.
Por la fe, los mártires entregaron su vida como testimonio de la verdad del Evangelio,

• Por la fe, hombres y mujeres de toda edad, cuyos nombres están escritos en el libro de la vida han confesado a lo largo de los siglos la belleza de seguir al Señor Jesús. También nosotros vivimos por la fe: para el reconocimiento vivo del Señor Jesús, presente en nuestras vidas y en la historia.

Volvemos al inicio. Hoy como entonces, se trata de salir encomendados a la Gracia de Dios, para hacer apostolado como hicieron San Pablo y Bernabé. Dicho de otro modo:

“Lo que el mundo necesita hoy de manera especial es el testimonio creíble de los que, iluminados en la mente y el corazón por la Palabra del Señor, son capaces de abrir el corazón y la mente de muchos al deseo de Dios y de la vida verdadera, ésa que no tiene fin”. (Benedicto XVI).

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Resumido de la Carta Apostólica “PORTA FIDEI”.

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