MI ABUELA

 

Hace unos días, un buen amigo,  me contaba lo siguiente:

– Sucedió cuando yo tenía unos diez años. Mi madre había muerto muy joven y tanto mi hermano como yo quedamos al cuidado de nuestra abuela. Ella fue nuestro apoyo hasta la pubertad. De ella recibimos todo el amor y ternura que nos hubiera dado nuestra madre, y también algunas lecciones inolvidables.

Recuerdo que un día hice algo imperdonable, tan imperdonable que noté que a ella le había afectado bastante. No sabía qué hacer. Era consciente de mi culpa, y no sabía cómo arreglarlo. No esperaba un castigo porque ella no sabía castigar…

Pasaron dos o tres días. Mi sensación de culpa era mucho peor que si me hubiera castigado. Yo le daba vueltas y más vueltas a lo ocurrido, pero cada vez estaba más intranquilo. Ella naturalmente, se daba cuenta de mi “desconcierto”.

Yo, entonces, era bastante niño, y a esa edad no “sabía” pedir perdón, pero “quería” pedir perdón. Todo terminó cuando ella me llamó, me miró a los ojos, me dio un abrazo, y me dijo:

– “No quiero verte triste, procura que no suceda otra vez”.

De esta forma, se marcharon todas aquellas “sensaciones” que tanto me agobiaban; se terminó el “castigo”, y recobré la alegría y la tranquilidad.

– Y, ¿volviste a hacer “alguna” de las tuyas?

– Ciertamente sí, pero procuraba evitarlo.

*

Si trasladamos el relato a nuestra edad actual, llegaremos a una conclusión maravillosa: El Señor, nunca castiga. Cuando le ofendemos se produce ese desequilibrio interior que tanto nos altera, pero en realidad es un “castigo” que no viene de Él, sino que viene de nosotros mismos, que por nuestra ofensa perdemos el don más preciado de nuestra Vida espiritual…

Afortunadamente todo se arregla pidiendo perdón.

Por eso la Iglesia ha dispuesto un Sacramento para ello. El sacerdote, que representa a Jesús, nos espera para escuchar nuestro arrepentimiento, concerdernos Su perdón y devolvernos el don de esa Gracia Santificante que habíamos perdido…

Como la abuela de Ernesto, Jesús, después de perdonarte, también te podría decir:

–”No quiero verte triste, procura que no suceda otra vez.

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