NADA ES NUESTRO

Lecturas de la misa del día

Génesis 1.1-19

..En l principio creó Dios el cielo y la tierra

Dijo Dios: “Que exista la luz”, y la luz existió. Vio Dios que la luz era buena, y separó la luz de las tinieblas. Llamó a la luz “día” y a las tinieblas, “noche”. Fue la tarde y la mañana del primer día.

..Dijo Dios: “Verdee la tierra con plantas que den semillas y árboles que den fruto y semilla, según su especie, sobre la tierra”. Y así fue. Brotó de la tierra hierba verde, que producía semilla, según su especie, y árboles que daban fruto y llevaban semilla, según su especie. Y vio Dios que era bueno. Fue la tarde y la mañana del tercer día.

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Evangelio: Marc 6, 53-56

… acudían a él, a cualquier parte donde sabían que se encontraba, y le  llevaban en camillas a los enfermos.

…  la gente le ponía a sus enfermos en la calle y le rogaba que por lo menos los dejara tocar la punta de su manto; y cuantos lo tocaban, quedaban curados.

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Comentario:

De la lectura del Génesis, nos quedamos con la certeza de  “un Dios Creador del cielo y la tierra, de todo lo visible e invisible”, y en ese entorno, la creación de la persona humana, hombre y mujer, que adquieren de sus manos toda la Creación en “propiedad”.

“La Tierra es vuestra; cuidad de ella; sometedla, sin abusar de ella; hacedla crecer; protegedla y respetad sus leyes”.  “Somos señores de la Creación, no sus explotadores”. (Son palabras del Papa).

Pero, hay algo que solemos olvidar: La “propiedad”  de la Tierra, otorgada por el Señor a nosotros, es temporal. Es un tiempo de relación íntima con el Señor, que observa lo que hacemos con todo lo que ha puesto a nuestra disposición, para que en sus obras veamos el inmenso Amor que nos profesa.

Desgraciadamente, la Tierra que el Señor puso a nuestra disposición, no es la Tierra, que tenemos hoy. Nuestro orgullo nos hace incluso pensar que nuestras obras, nuestras maravillosas obras, son producto de nuestra inteligencia, y nada tienen que ver con nuestro Creador. Ponemos incluso la Creación en tela de Juicio.

La realidad sin embargo, es que  lejos de Dios no somos nada. Nada es nuestro. No somos dueños de nada. Todas las riquezas del mundo, y todos los maravillosos avances científicos, no sirven de nada. Todo depende de la voluntad de nuestro Creador, que dispone de nuestra vida cuando cree conveniente.

Ocasionalmente, desde antes de los romanos hasta hoy, las epidemias que sufrimos nos avisan de lo frágiles que somos. Son una pequeña cura de humildad que se permite el Señor, para frenar nuestra vanidad, tal y como  está sucediendo en nuestros días.

Nadie puede permanecer en este mundo ni un segundo más de lo que Dios disponga, porque lo normal de un ser creado es que vuelva a su Creador, y eso no tiene una fecha definida.

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