«¿Qué estás haciendo?»

Hace unos pocos días murió Paco de Lucia. Es el último de los tres grandes guitarristas de las últimas décadas: Andrés Segovia, Narciso Yepes y él. ¡Cuál de ellos mejor!

El hecho me ha traído a la memoria a Narciso Yepes—que murió en 1997— y su famosa entrevista con Pilar Urbano en la revista Época,en Enero de 1988. La entrevista impresiona por su alto contenido espiritual. He escogido sólo tres fragmentos:

—Cuando la periodista le pregunta sobre su fe religiosa, le responde:

— Mi vida de cristiano tuvo un largo paréntesis de vacío, que duró un cuarto de siglo. Me bautizaron al nacer, y ya no recibí ni una sola noción que ilustrase y alimentase mi fe… ¡Con decirle que comulgué por primera vez a los veinticinco años!

Desde 1927 hasta 1951, yo no practicaba, ni creía, ni me preocupaba lo más mínimo que hubiera o no una vida espiritual y una trascendencia y un más allá. Dios no contaba en mi existencia. Pero… luego pude saber que yo siempre había contado para Él. Fue una conversión súbita, repentina, inesperada… y muy sencilla.

Yo estaba en París, acodado en un puente del Sena, viendo fluir el agua. Era por la mañana. Exactamente, el 18 de mayo. De pronto, le escuché dentro de mí… Quizás me había llamado ya en otras ocasiones, pero yo no le había oído. Aquel día yo tenía «la puerta abierta»… Y Dios pudo entrar. No sólo se hizo oír, sino que entró de lleno y para siempre en mi vida.

—Entonces, allí junto al Sena, ¿”escuchó” usted, “oyó” usted palabras?

—Sí, claro. Fue una pregunta, en apariencia, muy simple: « ¿Qué estás haciendo?» En ese instante, todo cambió para mí. Sentí la necesidad de plantearme por qué vivía, para quién vivía… Mi respuesta fue inmediata. Entré en la iglesia más próxima, Saint Julián le Pauvre. Y hablé con un sacerdote durante tres horas…

Tenía la fe dormida y… revivió. Y ya desde aquel momento nunca he dejado de saber que soy criatura de Dios, hijo de Dios… Un hombre con una cita de eternidad que se va tejiendo y recorriendo ya aquí en compañía de Dios.

—Finalmente al preguntarle si su espiritualidad era excepcional él le dice:

—Pues no habré sabido explicarme. Ciertamente, yo no le planteo rebeldía a Dios: hacer las cosas bien me cuesta, como a cualquiera. Pero, desde la libertad para decir «No quiero», decido decir «Sí quiero». Porque, además de creer en Dios…, yo le amo. Y lo que es incomparablemente más afortunado para mí: Dios me ama. ¡Cambiaría tanto la vida de los hombres si cayesen en la cuenta de esta espléndida realidad!

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Tomado de: http://www.fluvium.org/textos/cultura/cul58.htm#top

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