RELACIÓN CON DIOS.

¿Tenemos una relación con Dios”?

Para muchos cristianos la consciencia de una relación con Dios, no ofrece mucha claridad; aunque parezca extraño, todavía imaginan a Dios como como “alguien” espiritual, impersonal, lejano… y por tanto son escépticos a la posibilidad de tener una relación con Él.

Para iluminar un poco esta cuestión es bueno releer los primeros puntos del Compendio del Catecismo. Veamos:

“Dios mismo, al crear al hombre a su propia imagen, inscribió en el corazón de éste el deseo de verlo. Aunque el hombre a menudo ignore tal deseo, Dios no cesa de atraerlo hacia sí, para que viva y encuentre en Él aquella plenitud de verdad y felicidad a la que aspira sin descanso”.  (27-45)

“En consecuencia, el hombre, por naturaleza y vocación, es un ser esencialmente religioso, capaz de entrar en comunión con Dios sencillamente porque tenemos tenemos un deseo irrefrenable de verle. Ese deseo concuerda con el hecho de que Dios no cesa de atraernos hacia Él”.

Con estas premisas, es evidente, que si Dios es nuestro Padre; si su Hijo, es nuestro hermano adoptivo, y además podemos disfrutar de todos los dones del Espíritu Santo, no solo podemos relacionarnos con Dios y tratar con Dios, sino que debemos hacerlo todos los días.

El medio es la oración personal con Dios, hablando directamente con Él, como si lo tuviéramos en nuestra presencia –aunque no sea visible a nuestros ojos–, en cualquier lugar, en el silencio de nuestro hogar, o delante del Sagrario, pero especialmente después de comulgar.

Recordemos:

Aunque el hombre a menudo ignore tal deseo, Dios no cesa de atraerlo hacia sí, para que viva y encuentre en Él aquella plenitud de verdad y felicidad a la que aspira sin descanso”.

Tengamos una relación con Dios, del mismo modo que tenemos una reacción con nuestros padres, familiares o amigos.

Simplemente confíemos en Él. No tengamos miedo. Es como si de la tierra al Cielo existiese una “escalera”.. Cada día que pasemos en ese contacto, en esa relación con Él, iremos “subiendo escalones”. y un día cuando El quiera, podremos ver su rostro.

Nuestra relación con Él será de otro tipo. Pasaremos a gozar de su Eterna Bienaventuranza.

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