SED PERFECTOS.

Santa Misa  del sábado de la 1ªsemana de Cuaresma

Evangelio (Mateo 5, 43-48)

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

“Habéis oído que se dijo: “Amarás a tu prójimo” y odiarás a tu enemigo. Pero yo os digo: amad a vuestros enemigos y rezad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre buenos y malos, y hace llover sobre justos y pecadores.

Porque si amáis a los que os aman, ¿qué recompensa tenéis? ¿No hacen eso también los publicanos? Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de más? ¿No hacen eso también los paganos?

Por eso, sed vosotros perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto”.


Comentario

En el Antiguo Testamento, leíamos:

“Porque yo soy el Señor, el que os sacó de la tierra de Egipto para ser vuestro Dios. Habéis de ser santos, porque yo soy santo”. (Lv 11,44)

En el evangelio de hoy es Jesús quien nos lo vuelve a repetir: “Vosotros sed perfectos como vuestro Padre Celestial es perfecto”.

El Señor que nos creó santos, quiere, ha querido siempre que seamos santos. Nos quiere unidos a  Él.   La Santidad es justamente eso. El Señor quiere que le busquemos, que procuremos estar unidos a Él, que le amemos.

Sin embargo el derecho a la santidad, conocido y vivido intensamente en los primeros siglos de la cristiandad, se fue deformando con el paso de los siglos. 

Lentamente se desarrolló la idea de asociar la santidad con algo reservado a personas excepcionales, – por lo general religiosos-  o en circunstancias especiales, (sufriendo martirio). El seglar, poco menos que perdía el derecho a la santidad.

Un sacerdote español, hoy canonizado, -San Josemaría Escrivá de Balaguer-, por inspiración divina, recupera el mensaje. 

Descubre que durante siglos el concepto de santidad, había quedado deformado  y relegado a unos pocos…, y funda el Opus Dei el 2 de Octubre de 1928, como un camino de santificación dirigido a toda clase de personas en el trabajo profesional y en el cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano.

La llamada universal a la santidad, se extiende. Muchos cristianos “descubren”, que ser santo es justo lo que Dios quiere de nosotros.

El concepto de santidad es revisado en el Concilio Vaticano II,  (Lumen gentium),  que proclama: “Todos en la Iglesia, ya pertenezcan a la jerarquía, ya pertenezcan a la grey, son llamados la santidad”.

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Los primeros cristianos, no necesitaron que nadie les dijese estas cosas. Primero porque todos eran “iguales”, y segundo porque Jesús les había repetido de viva voz las palabras de su Padre a sus antepasados:

Habéis de ser santos, porque yo soy santo”.

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