“UN CAMBIO DE ACTITUD”

Era el 25 de diciembre de 2014. Estaba terminando el día. Quedaban esas horas finales, que consumimos viendo la tele o leyendo unas páginas del último libro; o simplemente repasando lo sucedido hoy y lo que nos espera mañana.

A esas horas yo prefiero la radio. A partir de las 22-22,30, entrada la noche, hay una tertulia de periodistas –cuál de ellos más inteligente–, con una gran formación y exquisitos en el dialogo. Tratan temas de actualidad, y el oírlos es como escuchar una melodía dialéctica. Es en la Cope: la tertulia la dirige Juan Pablo Colmenarejo.

Ese día, día de la Natividad del Señor, J.P. Colmenarejo estaba sólo –como era de esperar¬–, y a falta de colaboradores obsequió a sus habituales con unas entrevistas escogidas a personajes muy relevantes de la cultura, de la política o del periodismo.

Me llamó enormemente la atención la entrevista con José María Carrascal. Actualmente tiene 84 años, y ha sido todo en el periodismo. Juan Pablo con gran habilidad le fue preguntando cosas, hechos, y acontecimientos de todas las fases de su vida: desde su inicio de corresponsal en Berlín, presentador de televisión, corresponsal en Washington, articulista diario en ABC, etc. Finalizando la entrevista, cuando el entrevistado estaba “maduro”, Juan Pable le pregunto:

– Maestro, me ha contado usted casi todo, pero me falta una pregunta: en el transcurso de su larga actividad profesional usted ha vivido –y contado– grandes e importantes acontecimientos…, pero:

– ¿cuál es el acontecimiento histórico más importante que le ha tocado a usted vivir en todos sus años de periodista?

Transcribo su respuesta:

–”He visto grandes cambios en el mundo: he vivido las consecuencias de la desintegración del átomo, he visto levantar y caer el muro de Berlín, he visto al hombre llegar a la luna, he vista la irrupción de la mujer en todos los ámbitos de la sociedad… pero, el acontecimiento histórico que más me ha impresionado en toda mi vida de periodista ha sido el cambio de actitud ante esta vida y la siguiente”.

–”Cuando yo era niño, en mi juventud, esta vida era simplemente un “valle de lágrimas” para la vida del más allá…, y de repente, se ha producido un cambio crucial: la gente piensa que la auténtica vida es ésta. Hay otra vida, sí, pero la que hay que aprovechar: es ésta.

Don José María, pronunció las tres últimas frases despacio, entrecortando las palabras como es su costumbre, pero al terminar su razonamiento su tono de voz perdía fuerza, porque lo que estaba expresando le afectaba muchísimo. Colmenarejo, gran entrevistador, guardó silencio unos segundos, enfatizando el final de su relato… El entrevistado, con voz emocionada, terminó diciendo:

–”Esto, es un cambio de actitud, es un cambio de moral”.

*

Efectivamente, es un cambio de moral, pero también es un paulatino abandono de la moral. Bajo la idea de que. “la vida que hay que vivir es esta y hay que aprovecharla”, mucha gente olvida no sólo las leyes de Dios sino también las de los hombres. Llegan incluso a olvidar la Ley Moral Natural, la que llevan escrita en su corazón: la Ley del Bien y del Mal.

El problema, el gran problema es, que este “cambio de actitud”, esta pérdida paulatina de principios morales, esta ignorancia de los demás, este “yo soy antes que nadie”, este no querer saber nada de Dios e incluso perseguirle, porque es el dueño de la Vida – de la auténtica Vida–, parece no tener arreglo.

Hace no muchos años, asistimos a la desintegración del átomo y nos quedamos atónitos. Ahora, sin embargo, ante nuestros ojos, se están desintegrando otro tipo de cosas y conceptos, y da la impresión de que no nos enteramos…

Afortunadamente tenemos una esperanza: “algo” se mueve en nuestro entorno. Miremos a Roma. Desde allí parten Rayos de Luz cada vez más llamativos, más brillantes y más intensos…

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