UN GRUPO DE PERSONAS.

Anochecía. Era un 10 de agosto.

Desde el Hospital Santa Lucia de Cartagena se podían ver los últimos rayos solares acariciar las aguas del puerto. El sol se escondía detrás del Castillo de Galeras. El cielo cambiaba de color cada minuto. Al final solo se podía ver la silueta de la montaña y del fuerte, eterno centinela de la ciudad.

El Dr. D. Manuel Giménez de Pablo estaba de guardia en Urgencias desde el mediodía. Por ayudar a un compañero continuaría la guardia de noche. No le importaba mucho. Él era feliz en el Hospital y ejerciendo la medicina. Además dentro de unos meses le iban a jubilar…

Estaba absorto contemplando la bellísima puesta de sol y la inmensa silueta del castillo cuando vinieron a buscarle. Debía ser algo importante por los ruidos y por las voces.

Un grupo de personas “invadía” el área de urgencias. La Sra. Juana, bisabuela, abuela, tía o madre de la mayoría de los presentes—también había otras personas de la comunidad—tenía desde el mediodía un fortísimo dolor de vientre y vómitos, ocasionalmente con sangre.

Manolo—así le llamamos los amigos— con enorme experiencia en estas situaciones, hizo salir a la mayoría de los familiares, y se quedó a solas con la Sra. Juana y dos de sus hijas. Después de unos minutos de preguntas la situación estaba clarísima: la Sra. Juana con sus casi ochenta años y después de dar a luz diez veces, trabajar de sol a sol, y soportar mil calamidades tenía una posible perforación gastrointestinal, un abdomen agudo y debía ser intervenida urgentemente.

Exámenes varios, consultas con el cardiólogo y el cirujano, y se confirma el diagnóstico y la necesidad de intervenir de inmediato para evitar un desenlace fatal, pues había —según la analítica—una pérdida de sangre importante.

Manolo llamó a sus hijos, les explico la situación y les facilitó un documento para firmar la correspondiente autorización para intervenir a su madre.

De inmediato, todos a la vez, preguntaron si era necesaria una transfusión sanguínea, porque… “Para que usted lo sepa nosotros somos de la Congregación Cristiana de los Testigos de Jehová.” Nosotros podemos darle, si es necesario, el teléfono de nuestro Comité de Enlace con los Hospitales para informarle de otras opciones…

Manolo no hizo comentarios y se limitó a explicarles varias veces que su madre moriría sin remedio si no se le practicaba una intervención de inmediato y para ello era imprescindible una o varias transfusiones de sangre…

Obtuvo una y mil veces la negativa por respuesta.

Habían pasado dos horas y era noche cerrada. El Hospital de Santa Lucia posee grandes ventanales que le dan una gran luminosidad por el día y permiten ver el cielo desde muchos lugares por la noche.

Manolo no podía soportar lo que estaba ocurriendo.  La pobre Sra. Juana se estaba muriendo lentamente y sin el consentimiento de “ellos” no podían operarla. Sólo quedaba rezar por ella y  lo hizo.

Se le ocurrió mirar al cielo como buscando ayuda, y cuando menos lo esperaba en medio de la profunda oscuridad de la noche vio una “lluvia de estrellas”, unas Perseidas, unas “lágrimas” de San Lorenzo…

Ya es casualidad—pensaba — mientras caminaba de nuevo a dar consuelo a la Sra. Juana y a sus dos hijas. La pobre mujer, que apenas tenía fuerzas para quejarse, le hizo una seña a Manolo con la mano derecha para que se acercara. Su voz era muy débil.

— ¿Qué me pasa doctor? Estoy muy mala…

— Tiene usted una perforación de estómago, le dijo.

— ¿Y eso se cura?

— Sí, pero tenemos que operarla.

— Y, ¿por qué no me operan?  Preguntó ella sorprendida.

— Porque sus hijos dicen que ustedes son Testigos de Jehová…

— ¡Eso son ellos! dijo la Sra. Juana. ¡Yo soy de la Virgen!

A Manolo le cambió la cara…  Inmediatamente después de  informar a la familia la paciente fue finalmente intervenida y todo tuvo un feliz desenlace.

La Sra. Juana vive todavía. Pasadas unas semanas pudimos saber que en su casa, desde hace muchos años, existe un cuadro de la Virgen de la Caridad, patrona de Cartagena heredado de su madre.

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NB.  Hace cinco días fue San Lorenzo.  Hoy es la Asunción de la Virgen. Todo parece “encajar” un poco,

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