UNA CRUZ FORMADA POR ESTRELLAS.

Hoy 16  de Septiembre celebra la Iglesia, el martirio de San Cipriano y San Cornelio, que sucedió  en el siglo III d.d.C.

El primer martirio como sabemos fue mucho antes, y al igual que en ellos dos,  también fue  posterior a la Pasión Muerte y Resurrección de Jesús. El martirizado fue San Esteban, según leemos en los Hechos de los Apóstoles.

Dar la vida por Dios, en nombre de Dios, en quien creemos pero no vemos, exige una fortaleza especial.  Debemos considerar además que una persona humana ofrece su vida solo a sabiendas de que después de morir encontrará algo muy superior a lo que posee en este mundo.

Sólo una “fortaleza especial”,  la Fortaleza que recibimos en nuestra alma como  don del Espíritu Santo,  además de otros dones: como el don de la Sabiduría, y el don del Conocimiento de Dios,  hacen posible que aceptemos  voluntariamente morir por Dios, ser martirizados por Dios e incluso desearlo, sabiendo que Dios Padre nos está esperando en el Cielo.

Durante la estancia de Jesús entre nosotros, todos sus seguidores, incluidos los apóstoles– aunque sentían un inmenso amor por Jesús–, en su alma no habitaba el Paráclito, y esos “dones especiales” que enumerábamos antes no los poseían. 

De este modo,  San Pedro, que amaba y quería a Jesús con todas sus fuerzas, y juraba una y otra vez que daría su vida por Él,  llegado el momento de su posible martirio, le faltó  la sufuciente “fortaleza” para ser mártir, y lo negó hasta tres veces.

Por eso Jesús decía: “Es necesario que yo muera, para que venga el Paráclito”…

Es como si en el transcurso de nuestra existencia,  señalando un antes y un después,  en un determinado momento, se dibujase en el horizonte una “gigantesca cruz formada por millones de  estrellas ”, que señalarían  la Pasión Muerte y Resurrección de Jesús, y la inmediata venida de Dios Espíritu Santo.

En Belén,  fue solo una estrella.

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Después de la Redención , y  de la Venida del Espíritu Santo, los presentes y los que vinieron después fueron bautizados . Se trataba de un bautismo que los  hermanaba con Jesucristo, los convertía en Hijos de Dios,  y les daba la posesión de los dones de Espíritu Santo.  Todos pasaron a llamarse  “Cristianos”.

Los primeros cristianos, según leemos en los Hechos de los Apóstoles, entendieron perfectamente que eran hermanos de Jesús, discípulos de Jesús;  imitaban a Jesús y se dedicaron a difundir su nombre y su doctrina por doquier.

Algunos de ellos como San Esteban sufrieron martirio. Primero fueron unos pocos, después millares. No les importaba en absoluto, incluso lo deseaban, porque en su alma llevaban  a Dios Espíritu Santo con ellos.

El martirio, dar la vida en nombre de Dios y por Dios, ha existido y existe desde San Esteban hasta hoy, a lo largo de todos los siglos.

Llamarse cristiano en muchos lugares de nuestro mundo cuesta la vida, pero a pesar de eso el cristianismo siempre existirá.

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Realmente,  ¿somos conscientes de lo que supone para nuestra alma convivir con Dios Espíritu Santo?. Siempre tendremos la ayuda de sus dones, incluso el don de la Fortaleza, para sufrir todo tipo de martirios…

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