VALENTÍA CONTRA SOBERBIA

Era valeroso, osado, atrevido, audaz, intrépido, fuerte, veloz y decidido y de táctica impredecible. Amante de la lucha, era reservado en sus acciones, amable con sus súbditos y generoso con aquellos a quienes había otorgado su confianza.

“Todos participaron de su energía y de su grandeza; en derredor suyo y a su ejemplo se produjeron, a modo de emanaciones de ellos, multitud de hombres notables, que recorrieron como satélites su misma carrera”. (Prisco)

Sus enemigos –acomodados en la burguesía–, orgullosos, soberbios, vanidosos, arrogantes, fatuos, endiosados, altivos, suficientes, engreídos, presumidos, y al mismo tiempo cobardes y miedicas, huían aterrorizados, abandonando las ciudades, para refugiarse en las montañas.

Se llamaba Atila y era el rey de los hunos. Su éxito consistió en que supo transmitir todas sus cualidades a su pueblo y a su ejército. Era imposible ser cobarde viviendo junto a él.

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El pasado domingo vimos en la televisión, en un partido de futbol, enfrentarse a los “hunos” contra los ” romanos”; pero sobretodo pudimos ver a once “tíos” luchar como fieras bajo la atenta mirada de su jefe. Bastaba su presencia y sus gestos

El pasado domingo asistimos al nacimiento de una nueva “casta” de futbolista: se trata de ser como los hunos, pero teniendo un auténtico Atila en el banquillo.

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